ventanas

by admin

Javier despertó ese día pensando en ella.  Javier se sabía un pintor rascuache.

Esa mañana Javier, mientras estaba sentado frente al escritorio, tomó uno de los pinceles jodidones, ésos que amargamente descansaban en sus botecitos. Y digo amargamente porque a ellos, lo que les gusta es que los usen, les encanta recorrer con sus cabellitos los lienzos, hojas, telas y tapices. Son unos pinceles medio punketos porque ¡Siempre andan con cada color! ¡Que.. chale mae!, bueno ya me explayé demasiado en los amargos pinceles punketos del escritorio de tal Javier, ¿Y Javier amables lectores?, ¿Ya ni se acordaban, verdad?.

Esa mañana, Javier, mientras estaba sentado frente al escritorio, decidió pintar sobre una hoja todos los pensamientos que tenia por aquellita (También conocida como: “Ella”).  Después de un breve momento reflexivo, seleccionó el color azul, Javier pinto toda la tarde sobre una hoja blanca que al final se volvió completamente azul, al terminar, él sonriendo dejó secar la hoja toda la noche.

La mañana siguiente, Javi (ya hablamos bastante de él, ya estamos en confianza) tomó la hoja y con sus pocos conocimientos de Origami, hizo un grulla, abrió la mano izquierda y suavemente la depositó ahí, lentamente y mientras cerraba los ojos, Javi, guardó un beso para Ella entre los pliegues azulados, se acerco a la cabeza de la grulla y le dijo: llévalo, abrió la ventana que daba a la calle y la dejó volar.

En un parque cercano, un niño que jugaba a la pelota, volteó al cielo y éste, por vez primera, no era azul era un cielo hermosamente colorido,  estaba repleto de pequeños puntos de color, cuando fijó la vista, el niño se dio cuenta que cada uno de esos puntos era una pequeña grulla de papel, las grullas volaban hacia todas direcciones, al observar los edificios aledaños, el chamaco descubrió todas las ventanas abiertas, y pudo ver que era en ellas de donde salían y entraban las aves de papel.