Parte I - La llegada y la Ida.
by admin
Clarkdale era un pueblo pequeño a la mitad de la nada, rodeado de una gran planicie con nada más que arbustos secos y hierbas inservibles. Clarkdale contaba con cerca de 90 habitantes, más de la mitad, mujeres esperando el regreso de sus esposos, hombres que fueron a probar suerte en la gran fiebre dorada de mediados de siglo. Clarkdale no presenciaba nacimiento alguno desde hacía varios años.
Él llegó vestido de negro a media tarde. A pesar de la suciedad del camino se veía que la ropa era nueva. Llegó tranquilo montando un pura sangre inglés, tomó la calle principal, su rostro se escondía bajo las sombras del ala de su sombrero y mientras avanzaba, las personas desde sus casas y tiendas, sentían un viento helado que iba cubriendo el pueblo. Se aproximó a una de las pequeñas tiendas, su voz era ronca y sonaba cansado.
- Busco a Henry y a Harrieta Hauvert.
La dueña, una señora muy reservada le indicó que los encontraría al final del pueblo, frente al único pozo que seguía de pie.
Mientras recorría el resto del camino, del bulto salió un extraño alarido, vagamente simulaba el llanto de un bebé, parecía más bien, algún animal agonizando.
Se aproximó a la casa de los Hauvert, no necesitó llamar a la puerta, Henry, apareció con un rifle en las manos,
- ¿ Qué buscas aquí forastero?
Él lentamente sacó de entre su camisa una medalla de oro, con una figura de un santo, se la mostró y le dijo:
- Beatrice antes de morir me pidió que lo trajera con ustedes, ¿Podría entrar? no puede ver la luz del sol, le hace mucho daño.
Henry se apartó de la puerta con un gesto agridulce en su mirada, recordaba a su hija, y también recordaba la última carta que les llegó de ella, ésa donde les avisaba que en algún momento les llevarían a su hijo, ésa donde les avisaba que ya no le quedaba mucho tiempo de vida.
Harrieta los esperaba dentro, casi le arrebata el bulto al extraño, se apresuró a quitar las cobijas, el bebé era precioso, los abuelos sonrieron al verlo, él los miraba con curiosidad y también sonreía.
El forastero, les dijo:
-Aquí está el biberón, sólo puede comer agua con sal mientras crece, nunca dejen que vea al sol de frente, cuando tenga 13 años deberá vivir en una habitación apartada y nunca abran la puerta si él no lo permite, ya ven lo que le pasó a su hija. Cuídenlo, Beatrice confió en ustedes. En algún momento volveré por él.
Sin esperar respuesta salió de la casa, unos momentos después entre una explosión y el sonoro aletear de pájaros, Harrieta y Henry vieron que a unos cuantos pasos de la puerta, el forastero se había convertido en una estatua de ónice, con la diferencia que ahora la figura del extraño tenía un par de alas negras en su espada. En el cuello vieron que aún brillaba la cadena con la figurilla del santo y cerca de ahí donde antes estaba el corcel 6 cuervos negros salieron volando.
Comments
bien mibs . . . si dejas sin terminar este cuento pq te da weba, pq ya no te gustó, o por alguna otra mamada, te mato, pero asi fácil, te mato.
aush, enganchador. mordí el anzuelo. =P
donde esta el resto??? te pasasss!!! esta bueno quiero leer el restooooooo XD