Anoche.

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Anoche, ella llevaba el cabello repleto de estrellas,  unas eran grandes otras pequeñas pero todas luminosas, juguetonas, encantadoras, vivas.
Él tenía la sombra detrás, el cielo negro de la noche sin huecos para asirse y ni un solo recoveco iluminado.
Ella sonreía y su sonrisa al instante de abrir los labios era tan espectacular que los sueños de los que duermen se tornaban placenteros.
Él también sonreía y aunque su sonrisa era cálida, se notaba a leguas que estaba triste, se notaba a leguas, que estaba solo.

Él ya la conocía, él ya sabía de ella, y un día él se enamoró.

El cielo nocturno, es cuando él con su obscuridad la persigue a ella, ella ilumina el camino y él le sigue indefinidamente, interminablemente,  hay ocasiones en que ella se detiene, le hace un guiño y nosotros vemos la luna llena, hay días que ellos siguen caminando, casi corriendo,  y él espera alcanzarla, el espera algún día que ella deje de huir, que se detenga, voltee y él poder decirle que es suyo, que le pertenece enterito, él espera que ella lo acepte, que ella diga, ok, va, vamos a intentarlo, ese día nosotros los humanos veremos que el cielo no es tan negro, que la noche no está obscura, sino brillante, y esa noche que será día no extrañaremos al sol.

Leyendas encantadas de sonrisas y de sueños.

José Ulloa Ramírez
Diciembre del 2008.