del libro de las derrotas
by admin
No llores pequeña niña, no llores pequeña amada.
Nunca fui rey ni quiero serlo, nunca fueron mis ojos los que no vieron, no fueron mis pasos los que marcharon, ni fue mi voz la que mencionó el olvido.
Ella lloraba aterrorizada e impotente dentro del viejo roble, había ya olvidado los tambores de guerra, ella misma portó uno hacia siglos, y ahora eran otros los que los que los hacían sonar y la estaban cazando.
No abras viejo roble, entre sollozos murmuraba aunque ya sabía cual iba a ser el fin. El roble era neutral, no podía esconderla si ellos lo pedían.
Cada vez mas cerca, y más crecía su impotencia. Ya podía escuchar los gritos de las otras, seguramente atadas de sus muñecas, siendo arrastradas por entre la hierba seca y las duras raíces. Tratando de que no se golpearan tanto para morir en el trayecto, pero lo suficiente para que no gozaran el camino.
Al final fue él, el único que no llevaba cubierto el rostro, el único que podía mirarla las ojos sin sentir misericordia.
El la sacó del viejo árbol, con firmeza, ella sintió que los brazos se le rompian, la sacó llena de heridas, su piel arañada, y el cabello sucio, llevaba dos días encerrada ahí, escondida, pidiéndole a los dioses que no la olvidaran, que ella también era su hija.
Los hombres comenzaron a juntar leña para la gran hoguera, en esa fecha los antiguos druidas hacían las jaulas de mimbre, y dentro atados, los humanos que iban a ser el sacrifico para antiguos dioses, esta vez era diferente, esta vez la venganza y el odio eran el motivo, y tampoco abría cajas de mimbre, solo ellas vivas lanzadas una tras otra al fuego.
La gran fiesta comenzó por la más joven, a ella la dejarían al final, pues en algún tiempo fue su hermana, con ella terminarían todo, el olor amargo de la muerte comenzó a inundar el lugar. Ellos bailaban, demonios locos, insanos de odio, reían, y con cada una de ellas, lanzaban gritos de felicidad.
La sangre de cada víctima menguaba el fuego la última es la que más sufre, pues arde lentamente, primero sentiría las llagas que se le forman, cada una como ácido que explota lentamente y corroe sus huesos, olería su propia carne achicharrándose, un hedor insoportable, sentiría el infierno desde sus entrañas todo su cuerpo clamando morir y sentir el instante eterno entre el dolor y la calma. Cuando llegó el turno, él dio la espalda a la gran pira y se marchó del lugar, realmente no le importaba verla sufrir, ya no importaba nada, sólo estaba cumpliendo su parte de la historia.
Comments
“from the ashes of a broken fire new life emerges in shapes and forms innumerable to human eyes and only perceptible to a few who have undergone a thousand deaths in air and water”
Cumplir con su parte en la historia, no matter what, puede ser cruel, pero así son las cosas.
*sigh
WTF???
Es la historia más cruel que he leido de este autor… GENIAL!! hasta pude oler la sangre….
Saludos =)