Inmóvil

¿Cuántas muertes llevas hoy mi pequeño?

Sólo una madre, la mía, sacié mi sed de venganza ayer hasta el hartazgo, aun puedo ver los cuerpos mutilados de mis hermanas y hermanos tirados sobre la colina, aún puedo escuchar el sonido de mis pasos sobre los charcos de sangre, y sus ojos, abiertos con la luz de la luna en ellos, sus ojos una mezcla de tristeza y miedo.

Recuerdo como perforé sus estómagos, como hacia el contacto la hoja metálica en sus cuerpos aún calientes, como la sangre se derramaba y cubría mis manos, la sensación viciada.

A algunos les arranqué sus cabezas de tajo, a otros les clavaba por la espalda y los veía llorar, gritar, la agonía, el tamborileo incesante de sus corazones al marcharse.

Y ya cuando asesinaba al último, dejé de moverme, me convertí en una estatua, ahora soy frio, mi corazón no late, mis párpados no se cierran y sé que estoy muerto.

One Response to “Inmóvil”

  1. weboNo Gravatar Says:

    y al final, la unidad universal que pregonan las religiones del mundo no viene a ser otra cosa más que una cuestión física y química. tarde o temprano todos los átomos de nuestro cuerpo estarán juntos, con todos los demás, millones de millones de combinaciones no bastarían para abarcar el número de combinaciones posibles, y aún así, matamos y vivimos con la misma difícil facilidad.

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