Inocente
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Y de nuevo a beber sangre, tomar la rosa roja y volverla blanca, purificarla con traición, con violencia, tan blanca que no la puedes distinguir entre la nieve que la rodea, ¿Qué es más bello? Un exquisito copo de nieve que se arremolina buscando piedad entre los suaves pétalos, o la rosa, que hacía sólo un instante era el contraste rojo más notorio en el paraje invernal.
Saciar el hambre entre las espinas, delicadamente conseguir su alma sin romperla, sin matarla, y a cambio llenarla de un gozo porque ya no es única, ya es parte del todo que la rodea.
Le tenía tanto miedo a estar sola, que envió su vida al infierno. Inocente.